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sábado, 6 de noviembre de 2010


Pensamos, medimos las consecuencas, imaginamos. O no, O tomamos la decisión guiados por un impulso, un arrebato repentino que nos pone el cuerpo en tensión, la sacudida inesperada de los nervios, un pálpito brutal en el pecho, una opresión en la boca del estomago. Una luz que nos enciende refulgante en el cerebro y lo ilumina todo. No importa. Lo más propable es que nos equivoquemos. La vida seguirá su curso al margen de nuestros planes, como si un grupo de dioses burlones entretuvieran su absurda eternidad en las alturas soplando sobre nosotros, enredando las cosas, complicando las situaciones, retorciendo los sentimientos.

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