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miércoles, 10 de agosto de 2011


- Ya cariño, pero… ¿Por qué no buscas a otro? No tiene porque ser siempre blanco o negro, también hay grises.
- Esa no es la pregunta, sino, el por qué de no estar dispuesta a pasar página, el por qué de no querer olvidarle. Según pasan los días comprendo el hecho de que puedo superarlo, que soy lo suficientemente fuerte. Pero hay algo que me lo impide, algo que me incita a seguir luchando. Realmente no sé lo que me pasa. Siempre fuí una chica con los ideales muy claros. Y de repente ahora, todo desaparece. Quizás sean los recuerdos. En mi memoria permanecen esas conversaciones bromeándole que él era libre de hacer con su cuerpo y con sus labios lo que le viniera en gana. Parecía que no le daba importancia. Efectivamente, parece que nunca le damos importancia a los sentimientos, hasta que lastiman. Creemos muchas cosas, lo vemos todo precioso, defendemos ideales inexistentes. Y cuando las cosas ocurren de verdad, cuando un día paseas por la calle y ves a tú chico, abrazando a otra chica, o besándola… te enfrentas a la realidad, por muy dura que sea. Reflexionas sobre todo lo que habías imaginado hasta ese momento, y ves como poco a poco, todos tus proyectos sobre una vida feliz, todos tus bocetos junto a él, se desmoronan.
- Es duro si, pero si de verdad crees en todo lo que dices, entonces pregúntate por qué opinas eso, por qué quieres seguir como siempre. Mejor dicho, por qué no estás dispuesta a cambiar.
- Supongo que según evolucionan los días, me dio cuenta, aunque sea triste, que, por muy imperfecta que fue mi vida a su lado, fue mi vida. Y no lo dejará de ser. Lo que es no puede no ser, decía tu querido Aristóteles. Y noo estoy dispuesta a olvidar mí pasado, sin pasado no habría presente. Y si soy lo que soy ahora mismo, es gracias a mi pasado… No podéis obligarme a hacerlo. Cuando yo quiera, lo dejaré a un lado, mientras tanto, no puedo hacer más. Entonces, ¿qué me aconsejas? ¿Qué me de por vencida o qué le plante cara al asunto?
- Supongo que la solución más objetiva es inclinarse por la resignación… pero dudo que estés dispuesta a eso.
- Sabes que no.
- Replantéatelo dos veces. La resignación no es equivalente a derrotado, fracasado ni cobarde. Es una forma de progresar sin oponer resistencia alguna. Es aclimatarse en un sala dónde al principio hace frío, pero con el tiempo, te adpatas a esa temperatura, hasta llegar a punto de no querer volver a la antigua sala... Dios, suena lamentable.
- La resignación es como un velero, que nunca se contrapone al viento, sino que se deja guiar por él para llegar a su destino. ¿Suena mejor así? Al fin y al cabo, si tu destino es llegar a tierra, lo harás, quieras o no.
- Ves, solo tienes que aceptar humildemente las circunstancias que se te presentan. El derrotado deja de luchar ¿sabes?, y da por perdida su meta. Se auto convence de que ha llegado al límite. Sin embargo el resignado deja de combatir para volver a empezar empleando otro método más seguro. Vuelve a luchar de una forma más efectiva. Uno de los mayores meritos del ser humano es tener la capacidad de adaptarse al momento que está viviendo, pudiendo además disfrutarlo una vez se encuentra cómodo. Sé feliz y olvídate del ayer, por muy importante que sea. Porque no creo que predomine más que tu presente.

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